martes, 12 de mayo de 2009

10

La noche fue muy larga y más cuando ella apenas durmió, no quería perderse ningún movimiento, ningún detalle de él. Notó como sus pies en un momento se enlazaron a los de ella y los sintió ardiente, seguro que quería comprobar si los suyos estaban fríos como otras noches, notó como cuando él se daba la vuelta se preocupaba de arroparla para que no sintiese frío, como se levantó dos veces. Pensó que en su vida (hasta conocerle a él) no se había despertado en la cama con otra persona, era en cierto modo algo más íntimo que el acto sexual, una indicación deliberada de lazos emocionales, una adhesión a él. Al final el sueño la venció y se quedó dormida con la cabeza apoyada en el cálido hombro de él.

Se despertó sobresaltada cuando vio que entraba una ráfaga de luz por entre las rendijas de la ventana, se levantó, cogió su ropa y salió de la habitación sin apenas hacer ruido, para no despertarle. Eran las once, demasiado tarde. Se vistió lo más deprisa posible y entró de nuevo en la habitación en penumbra. El yacía en el lecho, salió precipitadamente.

Cuando salió a la calle el sol estaba ya muy alto y hasta que no se metió en el subterráneo no tomó conciencia de los acontecimientos pasados. Algo le había sucedido en los últimos días, pues se daba cuenta de que había aprendido mucho y había tenido numerosas experiencias en poco tiempo. Ya no podría volver alegremente, al día sin preocuparse por el mañana. Había cambiado. Aquello la entristeció, pues despertó en ella sentimientos de pérdida, como si le hubieran amputado algún miembro sin pedirle permiso.

En el vagón, confundida con la gente observó a los viajeros que estaban cerca de ella y miró con curiosidad a un señor que estaba leyendo el periódico ajeno a lo que ocurría a su alrededor; llevaba un traje oscuro debajo de un mugriento gabán, le hacía gracia como se bamboleaba y le resultaba difícil estarse quieto con el vaivén...... Fin

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