jueves, 12 de marzo de 2009

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Se había citado en el bar cercano a la casa de él, para poder pasar la noche, para mendigar cobijo de nuevo. La tarde estaba tormentosa, en el cielo había unos nubarrones amenazando lluvia que no le gustaron nada; era sábado y en la calle el tráfico era demasiado fluido para las horas que eran, pero al parecer cada cual quería huir de la tormenta. Ella también inconscientemente aligero el paso, no tenía excesiva prisa, pero algo por dentro le gritaba que se diese prisa.

Entró en el bar, estaba muy concurrido, tal vez por el mal tiempo, intentó buscar por entre las cabezas a la persona que andaba buscando; estaba sentado al fondo en un rincón casi escondido. Cuando le vio su actitud cambió, notó malos augurios y raras veces solía equivocarse; se sentó y empezó a experimentar una terrible sensación de ahogo, de vacío; de nuevo su mente le estaba jugando la mala pasada de quedarse en blanco como si estuviese desconectada.

Miró en un rincón a una parejita de viejos que estaban comiendo sin apenas darse cuenta del bullicio que había a su alrededor; era gracioso ver como ella estaba pendiente de él, con su cariño tierno y protector a la vez, con esas miradas tiernas que lo dicen todo; en su mesa no había nada de eso, simplemente silencio, a veces roto por un monosílabo como respuesta a alguna pregunta sin sentido. Apenas habían transcurrido cinco minutos y ya se estaba arrepintiendo de haber ido.

El estaba tan impecable como cada sábado, era día de “cumplimiento” y la ocasión no era para menos, por la noche le esperaba el desenfreno, la juerga, que como siempre terminaría con un preludio amoroso y no precisamente con ella, nunca con ella.

De momento no le había negado el cobijo, al parecer en esta ocasión no había excusas, pero el ambiente estaba tenso, forzado, así que opto por coger las llaves y marcharse. Un frío ¡Adiós¡ “- que descanses -“ fueron sus únicas palabras y algo de nuevo había cambiado en ella, ya no se sentía igual que cuando iba a reunirse con él.....

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