Cada uno tomó una dirección, pero ella instintivamente volvió la cabeza para ver su espalda confundida con la demás gente, su espalda, que era lo único que recordaba con más nitidez y esto era porque su relación era una constante despedida. Antes de volver la esquina se detuvo un momento más para ver como cada vez su silueta se hacía más y más pequeña, hasta que dejó de verse, algo la devolvió al mundo de los ruidos.
Estuvo dando vueltas por las calles sin rumbo fijo durante mucho tiempo. Había un hotel que causaba su admiración. El aparcamiento que había frente a la entrada principal estaba lleno de automóviles impecables; tenía tal aire de lujo que ella, aun sin entender casi nada de coches extranjeros, reconoció las prestigiosas marcas. Ante la entrada, sombreada por una marquesina, un portero de uniforme dorado sacaba maletas de piel de un coche; pasó junto a él sin advertir la mirada inquisidora de sus ojos oscuros. A la caída de la noche, con mucho frío y ninguna estrella en el cielo, puso rumbo a su casa, (a la de él) para encerrarse entre cuatro paredes, en su mundo mágico.....
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario