Subió la vieja escalera, esa vieja escalera que tantas veces había subido o bajado o que simplemente había servido para esperarle cuando él no estaba en casa. En el rellano se cruzó con una vieja que le dio las buenas noches y clavó sus arrugados y cansados ojos en ella, tal vez preguntándose donde iría. Metió la llave en la cerradura y nada más abrir, percibió ese olor penetrante a pintura, ese olor que ya era familiar para ella. Acabada de entrar en su mundo, en otra dimensión. Encendió la luz y de un solo vistazo pudo comprobar que todo estaba en su sitio como otras veces, que nada había cambiado desde la última vez, todo tenía el mismo orden, no había nada que estuviera en disonancia: el caballete, las dos sillas, la mesa de dibujo, el taburete, sus plantas, sus carpetas de dibujo, el estuche de pinturas y sobre todo sus cuadros. Sintió frío así que se dispuso a conectar la estufa portátil, que aunque no daba mucho calor templaría el ambiente.
Entró en la habitación contigua y al igual que la otra todo estaba en orden: la cama, el armario, alguna escultura y el cuadro que presidía la cabecera de la cama; el cuadro con las sandalias que eran suyas, la tierra que era su tierra. Este cuadro según le oyó decir a él era:
- " mi realidad, el blanco es mi ilusión y lo oscuro es la oscura muerte de todos. El cuadro no es simbólico. Es el concepto que se desprende de lo real, concepto del hombre con sus pies atados a la tierra. Concepto de un final de ser y concepto de un deseo de subsistir –"
Instintivamente abrió un cajón del mueble por si había alguna novedad; simplemente un décimo de lotería, una quiniela y una nueva caja de preservativos eran la única novedad. Vio una carpeta ce dibujos y las manos se le fueron a hojear entre los bocetos, los dibujos. Había que reconocer que tenía estilo, que se entregaba mucho en cada dibujo, en cada boceto, sabía lo que hacía, había dibujos muy interesantes.
Lentamente descubrió la cama y procedió a abrir de nuevo el armario en busca de un pijama, (de su pijama) allí estaba su ropa, toda muy ordenada. Miró la cama y le pareció enorme y fría, ni siquiera el calor de la estufa conseguía calentar el ambiente.
Esa noche no estaría, marcho a seguir jugando al juego de seductor. Apenas hacía unas horas que le había visto marchar y en su fuero interno ya le echaba de menos, esa noche su cama estaría fría, no tendría quien le calentase los pies fríos, no sentiría su irregular respiración, sus sobresaltos a media noche. No le sentiría a él.....
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